El mapa de mi infancia

Colaboraciones con “morriña” !

Pues como bien dice el titulo se trata de eso, una colaboración un tanto especial y un proyecto al que iremos dando forma poco a poco y en el que tendremos al “canalla” de Carlos Risco, un Ourensano que desde su residencia actual en Madrid, en donde trabaja como periodista, habla consigo mismo para presentarle (a él y a vosotros) los lugares mágicos de Auria, aquellos a los que siempre vuelve, sobretodo cuando se digna a presentarse en casa y dejarse ver por los celebres tugurios de la ciudad.

Todas las entradas estarán disponibles también en la sección que se encuentra en la parte superior del blog, que tiene como titulo “Pon un Risco en tu vida”, en la que también incluiremos nuevos proyectos que puedan ir surgiendo conjuntamente.

Presentación del proyecto, por Carlos Risco:

El mapa de mi infancia 

Las polis griegas, a las que deberíamos volver física y espiritualmente para darle a este capitalismo bastardo alguna solución de renacimiento, eran sitios pequeños, ciudades a escala humana donde se podía practicar y contagiarse de eso que llaman humanidad. Mi ciudad, Auria, es una ciudad pequeña y humana (escribo “mi ciudad” y siento a la vez que ya no es mía, porque tampoco soy yo aquel que un día la habitó). Auria me ha servido siempre como medida absoluta de todas las cosas. Para medir distancias en ciudades de tamaño abominable y deducir así que ir desde Atocha a Cibeles caminando era más o menos como hacerlo desde el jardín del Posío hasta el puente romano. También si aquel garito de tatuados hervía de dignidad e inquietud como me hicieron hervir en su día el Faraones, el Rock Club, el Star o el Soda. Auria fue la escuadra humana para comparar talento con su caterva local de músicos, actores, fotógrafos y artistas. Y en Auria había tanta inquietud como en Malasaña o Brooklyn (me acuerdo ahora del Torni, un colorido pianista de jazz que nunca tuvo piano y se conformó con la guitarra o de Pastor Outeiral, fotógrafo al límite, y sus series de personajes al límite).

Auria es un manchón en el alma, como pasa con las ciudades en donde uno nace, que determina el color y la calidad del grumo de tu sensibilidad posterior. Auria es un alfa y omega en sí mismo, un principio y final de todas las cosas. Y un espejo necesario al que volver cuando el mundo exterior, siempre hostil y con acento extraño, nos devuelve deformados. Allí podemos volver con estas líneas a esas geografías interiores, imprescindibles, que nos habitarán para siempre. Y tener otra una medida humana de las cosas, porque la infancia es esa medida definitiva que nos queda para siempre.

Para quien no lo conozca, aquí os dejo la dirección de su web en la que podéis pasar un buen rato leyendo algunos de sus artículos y os garantizo que no será para nada, una perdida de tiempo.

http://www.riscolab.com/

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